miércoles, 31 de agosto de 2022

Los muertos vivos y los vivos muertos

     Eran tres hombres extraviados en una zona inhóspita, su aventura en la búsqueda de un tesoro los había perdido. Tratando de encontrar su camino dieron con un anciano que vivía como ermitaño en una cueva. Cuando le contaron a éste que se perdieron el pos de un tesoro, el anciano los condujo al interior de la cueva y cual no fue la sorpresa en los aventureros al ver que en el fondo de ella  se encontraban desparramados cientos, que digo, miles de monedas de oro ¡El tesoro buscado!. El asombro no cabía en ellos.

El viejo les dijo - yo también vine a buscar el oro, era tanto, que preferí quedarme y vivir mi vida junto a él , pero como ya voy a morir, cada uno de Ustedes puede tomar lo que quiera y llevárselo consigo; solo quiero prevenirlos de que el viaje de retorno les tomará 30 días caminando a buen paso, en el trayecto encontrarán todo lo necesario para comer y beber, así que no les hará falta dinero para sobrevivir, tomen lo que quieran y déjenme morir solo con el resto de mi oro-

El primer hombre amaba tanto las riquezas que se ocultó cerca de la cueva, esperó a que el viejo falleciera y después de sepultarlo e metió a la cueva y ahí esperó su muerte junto a su oro, sin saber lo que pudo encontrar en su viaje de regreso.

El segundo hombre se cargó tanto de oro que la fatiga lo venció a medio camino, la preocupción por no perder ni una moneda le impidió disfrutar de las delicias de su viaje y al final, murió de cansancio, agobiado  por el peso del oro y su preeocupación.

El tercer hombre tomó solo una moneda para cualquier eventualidad y salió ligero hacia donde el anciano le señalara; disfrutó el viaje de regreso, de los frutos más ricos que encontró a su paso, de los paisajes más hermosos, nadó en todos los arroyos, aspiró el perfume de las flores y escuchó con placer el trino de las aves. Cuando llegó a su destino, le obsequió al primer mendigo que encontró la única moneda que había tomado, pues su tesoro lo había encontrado durante su retorno.

Por eso digo que: hay muertos que son muy vivos y hay vivos que están muy muertos, todo depende de quien verdaderamente quiere disfrutar la vida.


Ramón Triay Pedrero / Diciembre de 1997