La gente suele ser muy
crítica en cuanto mi uso particularmente torpe del teléfono celular, en
ocasiones me han expresado el no entender por qué traigo conmigo un teléfono si
“nunca” les contesto, a lo que he tenido que buscar innumerables excusas para
esconder mi torpeza y olvido de este artefacto. Extrañamente, los días que más
disfruto, son aquellos en los que he olvidado el teléfono en casa.
Durante mi tiempo libre,
me declaro fanática de analizar el comportamiento humano, me pierdo en
conversaciones y escuchando a la gente a mi alrededor, me divierte conocer lo
que les preocupa a mis alumnos a su corta edad, los comentarios de la gente que
conversa junto a mí, las noticias del trabajo de mi esposo al llegar a casa,
las confesiones de mis amigas y principalmente, me gusta mirarlos a los ojos,
porque en ellos encuentro más respuestas de lo que las palabras mismas podrían
decir; es entonces, cuando este artefacto incómodo se vuelve un estorbo, y me
olvido de él.
Escuchaba el otro día a una
joven decir: “cuando quiero que mi madre me escuche, tengo que quitare el
celular de las manos” y a más de un abuelo he escuchado reclamar atención en la
mesa a la hora de la comida cuando es
momento de convivir, y es que nos estamos perdiendo de momentos maravillosos, de
pláticas interesantes, de maravillas naturales por estar absortos en
conversaciones que en muchos casos no llevan a ninguna parte.
Cuando no contesto, no es
que no me interesen sus mensajes, es que le estoy dando mi interés a alguien
que tengo en frente, que respeto su plática, que me interesa. Quizás es que
estoy jugando con mi hijo o bien, atendiendo a un alumno; almorzando con mis amigos y riendo con ellos (
y no riendo con un “ja, ja , ja”), o quizás estoy recordando viejos tiempos con
mi abuela mientras disfrutamos de una botana y de su hermosa terraza, o
planeando la semana con mi madre. Ten la seguridad de que cuando estés frente a
mí, recibirás lo mismo, y recordarás lo bien que se sentía cuando aún la gente
se miraba a los ojos para desearse un buen día, para resolver un problema, para
reír a carcajadas.
Este día del amor solo quiero
que me mires a los ojos.
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