Cuando papá murió, un 25
de diciembre, recuerdo bien su despedida y lo agridulce de su partida. Por un
lado, lo sabía listo para irse, lo sentía en su alma liviana la cual nunca
estuvo aferrada a nada material; pero por otro lado, saber que mi mejor amigo
me dejaba para irse a un lugar al cual no iba a poder alcanzarlo en un tiempo,
me hacía estremecer. Como hoy, extrañaría sus bromas, sus rebeldías infantiles
y su pasión por todo lo que hacía.
Después de una despedida
de 24 horas, en las que como hermanos dormimos alrededor suyo, ayudándolo a
guiarlo para poder volar, mi mamá puso sobre la mesa su herencia: un reloj de
bolsillo, un sombrero, un reloj de mano y el portafolio negro con el que
siempre cargaba lleno de escritos, mensajes, ideas y cuanta cosa podía
almacenar. Entre bromas, lágrimas y sentimientos contradictorios, cada uno de
los 4 hermanos, tomamos un objeto; broméabamos diciendo que su herencia nos
haría ricos….palabras que no fueron del todo falsas.
Mi padre no nos dejó
nada! no hubieron casas, ni dinero, ni viajes todo pagado; no hubieron joyas,
ni objetos de valor. Entonces, ¿Cuál fue su herencia? Parados frente a esos 4
objetos, después de haberlo visto partir; así, con la ligereza con la que un
fruto se desprende del árbol al estar maduro; me dí cuenta de lo que dejaba. Mi
padre nos heredó su alma! Su filosofía de que no hay dinero que merezca odiarse
entre hermanos, que el amor es más fuerte que cualquier adversidad, que
confiemos en los milagros cotidianos, que no hay mejor sabor que los triunfos
que se logran con pasión, que mientras menos te aferres a las cosas materiales
de este mudo, más fácil será volar al siguiente.
Hoy en el día del padre,
mi alma lo siente cerca, tengo en cada uno de mis hermanos una parte palpable de él, tengo a mis mejores amigos,
a uno que otro rebelde indomable con quienes comparto mis pasiones y frustraciones,
tengo su amor incondicional que
trasciende en el tiempo.... Viejo, me dejaste la mejor herencia. TE AMO.
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